La madre de todas las guerras

Puede ser apocalíptico, pero más allá del dominio de la energía nuclear o el poder del petróleo y sus intereses, las guerras futuras estarán signadas por el control de los alimentos y principalmente del agua potable.

Ya lo anticipó el informe del ejército canadiense llamado  “El Contexto de la futura seguridad 2008 – 2030″, que detalla este futuro.

Leemos allí: “Las Fuerzas Armadas se están preparando para responder a los cuatro rincones del planeta, debido a las guerras regionales y eventuales hechos violentos por la competencia de los recursos naturales. Las futuras operaciones militares debidas a la multiplicación de motines provocados por el hambre darán lugar a intensos combates”.

Entre los factores allí analizados el impacto ambiental ocupa un puesto central:  “En todo el mundo tendrán lugar fenómenos meteorológicos cada vez más violentos y cada vez más vinculados al cambio climático que exigirán intervenciones militares, desde misiones de socorro a las víctimas de catástrofes naturales hasta operaciones de estabilización a gran escala”.

Los militares canadienses creen que el control de los recursos, como el agua y los alimentos, será motivo de lucha entre los gobiernos, incluso a través de guerrillas u organizaciones armadas para producir saqueos.  Los disturbios empezarían en las ciudades costeras, donde vive el 75 % de la población mundial.  Comenzaría en 20 años cuando se acentúe la desertificación y se cultive un 50 % menos de territorio que ahora y eso obligue al desplazamiento de habitantes, recrudeciendo las tensiones étnicas y religiosas. Un mundo violento, intolerante y hambriento. Un futuro oscuro.

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